lunes, 12 de octubre de 2009

Mi confrontación con la docencia


Módulo 1 semana 1.


MI CONFRONTACIÓN CON LA DOCENCIA

Actividad 1.2 Entre la docencia y mi profesión

Hola a todos, buenas noches.

Me es muy grata esta tarea por que me permitirá comentar con ustedes aspectos de mi labor docente que considero importantes ya que al confrontar mi aproximación a la docencia, me permite recapitular y tener una parámetro o termómetro de cómo voy y como puedo hacerlo mejor.

Mi profesión es Ingeniero en Sistemas Computacionales, estudié en el Instituto Tecnológico de Mérida. Posteriormente me trasladé a la ciudad de Monterrey y estudié en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey ITESM la maestría en diseño de Software y la especialización en Administración y Contabilidad. Desde la primaria hasta la licenciatura estudié paralelamente lengua Inglesa y me titulé en dicha especialización.

En 1997, cuando tenía 17 años, mi tío Gonzalo Barreiro era director y dueño de una escuela técnica particular, aquí en Mérida, Yucatán. El era maestro. De hecho, como pueden leer en mi perfil, la rama materna de mi familia es de docentes. Mi abuelita, mi mamá, mis tías y tíos, muchos primos y mis hermanos son profesores de carrera y vocación. Yo soy docente por vocación y estoy esforzándome para poder adquirir los conocimientos necesarios para ser cada vez mejor maestra. Fue en esos días, cuando aun cursaba la preparatoria, que tuve mi primera aproximación a la docencia.

Pasó el tiempo y empecé a cursar la carrera avocándome 100% a ella. Después de egresar y emigrar a Monterrey tuve oportunidad de seguir con la labor docente en el bachillerato del ITESM. Paralelamente desempeñé funciones relacionadas a mi carrera. Al regresar de Monterrey, me reencontré con la docencia trabajando en diferentes preparatorias a la par de trabajar en mi empresa particular. Pasado un tiempo, en 2003, ingresé al subsistema COBAY.
A pesar de haber trabajado en diferentes escuelas, aun no puedo explicarme bien por que tengo este sentimiento de apego a COBAY: ¿Será el lugar? ¿Serán los métodos? ¿Será la gente? Creo que es una combinación de aspectos lo que ha hecho que COBAY se convierta en algo muy significativo e importante para mí.

Como profesora de bachillerato, al inicio de mi labor docente, muchas veces sentí que los jóvenes llegaban a este nivel con muchos defectos y manías y pensaba también que éstos fueron propiciados por carencias en la educación primaria y secundaria. Pensaba que en bachillerato ya no podíamos enmendar el árbol torcido y que a los docentes de la preparatoria nos tocaba conformarnos con el material defectuoso que recibíamos. Estaba muy equivocada.

Si bien es cierto que en nuestro sistema educativo aun hay muchas fallas que corregir, también es cierto que se están haciendo grandes esfuerzos en todos los niveles para que nuestros jóvenes estén cada vez más. También es cierto que los programas se están adecuando a las formas, ideas, actitudes y vivencias de nuestros muchachos para hacer que los contenidos les sean relevantes y útiles en su vida diaria.

Ahora, que soy docente de bachillerato de COBAY, siento un profundo compromiso con mis alumnos, de educarles, de guiarles, de darles la preparación óptima y necesaria para: primero, hacer de ellos mujeres y hombres de bien, segundo, que logren si lo desean ingresar a la universidad y tercero que con lo que aprendan puedan tener un trabajo que les permita vivir adecuadamente y/o estudiar.

Siento, un gran compromiso con la comunidad a la que sirvo, Kanasín, ya que es un pueblo de grandes valores culturales y sociales que puede ser mejorado haciendo que sus jóvenes sean cada vez mejores ciudadanos. Siento alegría cada día que empieza y tengo la oportunidad de llegar a mi plantel, ver mi escuela tan linda, tan limpia. Saludar a la gente que junto conmigo se esfuerza por ser mejor cada día para servir mejor a nuestros muchachos. Me entusiasma entrar al salón y saber que ese día alguien va a aprender algo nuevo.

Pero, junto con toda esta alegría y entusiasmo, siento dolor de ver cuanta gente aprovecha su posición jerárquica para objetivos personales. Me da tristeza ver como se desperdician recursos humanos y materiales de manera indiscriminada e irresponsable, habiendo tanta necesidad y carencia. Me duele ver tanta incongruencia, ineficiencia, deslealtad y des honradez en las personas que debería ser ejemplo de vida para los alumnos. También me es muy penoso ver como muchos jóvenes no dejan que nadie se les aproxime para guiarlos. Que desperdician sus vidas y los recursos que sus padres les proporcionan para ir a la escuela. Que muestran un desinterés tan cruento, una actitud tan pasiva, una falta inmensa de motivos para hacer nada.

Creo que aquí hay un mar de oportunidades para solucionar problemas. Hay esperanza, pero cuesta mucho luchar cuando te sientes con tan poco apoyo.

Ser docente en bachillerato me lleva a mi propio bachillerato, no puedo dejar de comparar mi época con la actual y tratar de dilucidar que fue mejor o que es mejor ahora. Como mi experiencia en bachillerato les puede servir a mis alumnos.

Otro aspecto que me impacta es que, al trabajar con bachilleres, estamos trabajando con hombres y mujeres en pleno uso de sus facultades físicas, mentales, culturales, espirituales. Son seres humanos con consciencia de si y de los demás. Son seres con los cuales puedes platicar de tu y hacer que sus mentes terminen de dar el estirón necesario, alcanzar la madurez que van a necesitar para enfrentarse al mundo que les estará esperando al cruzar por última vez la puerta del colegio.

Me es muy satisfactorio cuando, en julio, los jóvenes reciben su certificado. Me da mucha alegría cuando regresan en septiembre u octubre y nos informan que si entraron a la universidad, que les gusta mucho su nueva escuela, que están siendo felices. Me da alegría cuando oigo a dos o tres chamacos platicando en inglés, o cantando la canción que practicamos en clase. Cuando cruzo con algún alumno y me saluda en inglés, es gratificante. Cuando en clase de matemáticas financieras un alumno explica el problema a otro, o cuando veo que en los ojos de mis muchachos se hace la luz del entendimiento, me da mucha mucha alegría. Saber que algún alumno hoy día tiene su empresa de computación, que diseña páginas o que hace videos, me hace sentir que vamos por buen camino. Algo se esta haciendo bien.

Es triste cuando algún joven, de sexto semestre, a un mes de salir se da por vencido. Cuando en un examen descubre una chafa, cuando ves que se copian la tarea, cuando un alumno hace la tarea de otro o simplemente le sacan copias a la tarea del mas estudioso y te las entregan como suyas… que tristeza. Cuando algún alumno exige puntos que no se ha ganado, pienso, ¿Qué esfuerzo están dispuestos a hacer por su calificación? ¿Creerán que la calificación es un don?

Como docente también es pesaroso que aunque te esfuerces y hagas cada vez mejor las cosas las autoridades educativas midan el valor por compadrazgo o amistad más que por desempeño. Igual sucede cuando, al tratar de aplicar las innovaciones que nuestras autoridades nos invitan a aprender proporcionándonos este tipo de cursos, diplomados y especializaciones, al llegar al colegio, no puedas hacer uso de todo ese conocimiento por falta de información y capacitación administrativa.

Independientemente de las cosas buenas o malas, de las alegrías y las tristezas, pienso que la docencia es la herramienta con la cual producimos joyas con las cuales nuestro país obtiene su principal riqueza: ciudadanos bien preparados y listos para hacer de México un país mejor.

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